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Título Original – The Apostle
Año – 1997
Director – Robert Duvall
Elenco – Robert Duvall, Farrah Fawcett, Miranda Richardson, Billy Bob Thornton, June Carter Cash
Cuando el predicador Euliss (Robert Duvall) descubre que su esposa (Farrah Fawcett) mantiene relaciones con un joven pastor y está a punto de abandonarlo, pierde los nervios y mata al amante de su mujer. Tendrá entonces que huir de Texas y se refugia en un pueblo de Louisiana. Allí, con la ayuda de Toosie, secretaria de una radio local, consigue reunir un nuevo grupo de fieles. Pero, inevitablemente, el pasado siempre vuelve.
La trama de la película –guión original del hombre-orquesta Duvall quien también funge como productor ejecutivo— es sencilla, lineal, sin complicaciones. La realización de Duvall es directa y funcional, a excepción de algunos pequeños momentos de estilización “artística” –el autobautizo de Sonny filmado en ralenti, por ejemplo. En el propio estilo narrativo, la película misma transmite un sentimiento de inmediatez, de cotidianeidad. Nada de lo que vemos parece sacado del típico manual del guionista exitoso de Hollywood: nada de sorpresas de último minuto, nada de vueltas de tuerca climáticas, nada de “dramatismo” chantajista o de violencia desatada a gratuidad.

El Apóstol es una película radicalmente original porque ha elegido acercarse a su tema –la fe religiosa de un hombre común y corriente, la fe de todo un pueblo— con respeto y honestidad, cualidades no precisamente muy de moda en el cine hollywoodense contemporáneo.

Al inicio, cuando empezamos a ver la personalidad exuberante y espectacular de Sonny, sus arengas religiosas y sus misas, sus hipocresías y sus problemas maritales, pareciera que estamos ante la clásica historia hollywoodense del predicador transa que no se cree sus mentiras pero que al final, por la fe de los que sí creen, terminará redimido ante su pueblo y ante Dios y blah, blah, blah… Nada de eso. La verdad es que Sonny SÍ cree en Dios, tiene fe, cree que hace el bien e, incluso, como lo sugiere el prólogo de la película, muchas veces pueda que realmente haga el bien y hasta obre pequeños milagros. Su interés en la palabra de Dios es genuino, pero no menos genuinas son sus oscuras debilidades y sus brillantes fortalezas humanas, que lo mismo lo llevan al crimen, a luchar por su iglesia a golpes contra un vecino del pueblo (Billy Bob Thornton) o a trabajar sin descanso para el bien de la comunidad y de su templo.

El Apóstol es un filme tan fascinante como su personaje central y éste es impensable sin la encarnación que de él hace Robert Duvall. Sea bailando al ritmo del gospel, arengando con sus gritos a acercarse a Jesús, chocando sus palmas alegremente o aceptando con dignidad sus flaquezas, Duvall llena la pantalla no con su personalidad, no con su atractivo: sólo con su admirable trabajo, con su impresionante dedicación. Al final, Duvall, el realizador-guionista y Duvall, el actor, han logrado algo notable: la conexión del espectador con el personaje. Es cierto, Sonny, hacia el final, sigue siendo un misterio como persona. Sin embargo, estamos con él. Es demasiado humano para dejarlo solo. (http://oxigenial.com/cinevertigo/apostol.htm)


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